
Si sueles pasear por el Casco Histórico de Zaragoza, seguro que has cruzado mil veces la calle Alfonso I, esa vía peatonal tan señorial que conecta El Coso con la plaza del Pilar. Pero quizás no te hayas fijado en que, junto al número 31, bajo un arco de un edificio catalogado de Interés Arquitectónico, se esconde el acceso al Callejón de las Once Esquinas. Este rincón, que hoy tiene una marcada forma de 'L' y conecta con la calle Santa Isabel, debe su nombre a un pasado medieval en el que su trazado era una planta zigzagueante llena de recodos. Aunque a fecha de hoy, 26 de junio de 2026, te lo vas a encontrar cortado al paso peatonal por unas obras privadas que han obligado a instalar un andamio en una de sus fachadas interiores, este pequeño espacio acumula siglos de transformaciones urbanísticas.
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Originalmente, este antiguo callizo medieval no siempre se llamó así. En el siglo XVIII se le conocía como el 'callejón de la Moneda' y estaba habitado por familias humildes. No fue hasta el siglo XIX cuando recuperó su denominación actual en el nomenclátor. Por aquel entonces, contaba con el 'paso de Urriés', un arco volado que unía las dependencias de la casona de la familia Urriés. Sin embargo, la gran reforma de 1863 y la posterior apertura de la calle Alfonso I el Batallador, proyectada por José de Yarza Miñana, eliminaron este paso y derribaron las viviendas colindantes, dejando el callejón con su estructura escalonada actual. Ya en los años 40, el entorno terminó de configurarse cuando el franquismo sustituyó la antigua calle de Manuel Roda por la actual calle de Santa Isabel de Portugal.
Más allá de su historia de ladrillo y piedra, este rincón ha ganado un hueco en la cultura local. Es uno de los escenarios clave de Donde surgen las sombras, la novela de suspense del escritor zaragozano David Lozano Garbala que ganó el Premio Gran Angular en 2006. En este thriller, el callejón sirve de acceso a las alcantarillas de la ciudad en una trama de rol ilegal. El espacio también llamó la atención de José Antonio Labordeta, quien en 1995 le dedicó un artículo bromeando con que el nombre de las once esquinas debía de ser fruto de un pleno municipal confuso. Incluso una revista literaria local adoptó su nombre jugando con la ironía de que el lugar ya no tiene once esquinas ni funciona realmente como un callejón abierto.
Fecha de publicación
26 de junio de 2026
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